10 de Mayo del 2016 - Lima PE

Masacre en Gaza

Cuesta creer que el Estado israelí, conformado en su gran mayoría por un pueblo que ha sufrido en carne propia el confinamiento en guetos y campos de concentración así como un intento de exterminio, realice en la actualidad acciones similares contra un pueblo vecino.

No cabe la menor duda que la franja de Gaza es una especie de gran cárcel en la que languidece parte del pueblo palestino sometido a todo tipo de restricciones por parte del Estado israelí. Sin embargo, eso no parece bastante para el gobierno de Israel. El secuestro y posterior asesinato de tres israelíes ocurrido en el territorio palestino de Cisjordania, separado de Gaza y bajo ocupación (sí, ocupación ilegal de Israel) ha servido de pretexto para acciones criminales que dejan al mundo estupefacto. En lugar de limitarse a encontrar a los culpables en Cisjordania y limitar el operativo allí, operativo en el que, dicho sea de paso, murieron diez palestinos y cientos fueron detenidos, el gobierno de Israel ha decidido que Hamas, partido en el poder solo en Gaza, es el responsable de los secuestros y asesinatos. La consecuencia es un bombardeo indiscriminado (y ahora la invasión terrestre) contra la franja de Gaza, lo que está dejando en su mayoría víctimas civiles, niños incluidos: a esta barbarie Israel la llama legítima defensa. Israel sostiene también que es una defensa  frente a los ataques terroristas desde Gaza. Sin embargo, ¿cuántos de los cohetes lanzados por los terroristas causan algún daño en Israel?: la respuesta es que casi ninguno. Es decir, una desproporción básicamente absoluta entre el “ataque” y la “defensa”; el número de víctimas de uno y otro lado es lo suficientemente elocuente al respecto.

Pero lo central, el fundamento de este gran problema en el Medio Oriente, es que Israel es una potencia que ocupa territorios que no le pertenecen y que, de acuerdo a las disposiciones de la ONU, pertenecen a los palestinos como parte de su futuro Estado. Y no solo eso, sino que permanentemente nuevos colonos israelíes se instalan en esos territorios, es decir, una ocupación que se consolida a medida que pasa el tiempo. Bajo estas premisas, y aun sin justificar los ataques terroristas de grupos palestinos, es muy difícil sostener que Israel sea un Estado que se encuentre ejerciendo una legítima defensa. Tampoco es creíble que busque la paz con sinceridad, pues con la ocupación y colonización de territorios palestinos hace cada vez más inviable la creación de un Estado palestino. Demás está decir que los familiares de los palestinos asesinados en estos bombardeos se pueden convertir en potenciales participantes de actividades terroristas. En ese sentido, quizás Israel, consciente o inconscientemente, esté buscando una suerte de profecía autocumplida: si las familias palestinas son “semilleros” de terroristas (como sostienen extremistas judíos) pues habrá que aniquilarlos a todos, es decir una auténtica limpieza étnica, ¡y no han pasado ni cien años del holocausto judío!, increíble.

Finalmente, es importante reconocer que muchos judíos, tanto dentro como fuera de Israel, son sumamente críticos frente al accionar del Estado de Israel, por lo que no se debe generalizar al respecto. Asimismo, considerar que el mayor responsable del conflicto judío-palestino es el gobierno de Israel no implica estar de acuerdo con los crímenes cometidos por grupos palestinos.