Como es público y notorio, desde esta columna y diario apoyamos la candidatura de Alejandro Toledo. Pensábamos -y lo seguimos haciendo- que la suya era no solo la mejor opción programática sino, además, la mejor en términos políticos para afrontar la segunda vuelta electoral.
No cambiamos de parecer, a pesar de saber los resultados negativos de las encuestas, que no era posible publicar por una absurda norma electoral (y, por cierto, si se diera el caso de una reedición, lo volveríamos a hacer). Mientras no transite por los linderos de la mentira, creemos que es derecho de la prensa ser subjetiva y tomar partido. Y, por supuesto, nos separa un abismo moral de la prensa mercenaria y saltimbanqui que se la jugó primero por Castañeda, a última hora por Kuczynski y que seguramente ahora alista sus alforjas para proceder a endosarle su apoyo a Keiko Fujimori, simplemente porque así se los ordena Palacio de Gobierno.
Acerca del escenario que se asoma para la segunda vuelta, tenemos profundas dudas respecto de la solvencia democrática de ambas agrupaciones. ¿Es Humala un sucedáneo de Lula o de Chávez? ¿Qué entiende el líder nacionalista por los cauces constitucionales? Lo mismo respecto de Keiko Fujimori, más aún luego de su reafirmación fundamental de que la suya es una candidatura que mira lo sucedido en los 90 con benevolencia.
Y en cuanto a la propuesta económica, también hay atingencias que aclarar. ¿El humalismo modificará los parámetros de la estabilidad fiscal y monetaria? ¿Hasta dónde llegará su reforma tributaria? Por su parte, el fujimorismo tampoco nos otorga tranquilidad. ¿Cuál fujimorismo se propone? ¿El de las reformas estructurales y su continuidad, o el del populismo clientelista de los últimos años del gobierno de Fujimori padre?
Hay un trecho grande por recorrer hasta la segunda vuelta y nuestra contribución democrática al país será buscar que los dos candidatos en disputa precisen los puntos señalados. No nos sumaremos a priori a ninguna campaña ni a favor ni en contra. Lo correcto será otorgar, eventualmente, el beneficio de la duda, pero con la distancia saludable de la discrepancia. La persona que mejor representaba nuestros ideales ha sido descartada por las urnas y lo respetamos plenamente. Los que quedan nos generan serias dudas y la mirada en perspectiva crítica de ellos creemos que será la mejor forma de cubrir periodísticamente la venidera definición electoral de dos propuestas que, en principio, no nos entusiasman ni convencen.
Juan Carlos
Tafur